De una promesa global a una pregunta fundamental
La cantante colombiana Shakira volvió a captar la atención mundial tras anunciar que donará el 100 % de las regalías de Dai Dai, canción oficial del Mundial 2026, al FIFA Global Citizen Education Fund, una iniciativa que busca recaudar 100 millones de dólares para ampliar el acceso a la educación de niños y niñas en condición de vulnerabilidad.
Más allá de la relevancia mediática del anuncio, este tipo de iniciativas plantean una pregunta fundamental para quienes trabajan en el diseño y evaluación de proyectos sociales: ¿cómo se pasa de una promesa de transformación a la evidencia de que realmente se generó un cambio?
Para los especialistas en formulación y evaluación de proyectos, el punto de partida no es el dinero recaudado, sino la capacidad de demostrar resultados e impacto.
“No el monto recaudado, sino el problema que se busca resolver, la población objetivo y el cambio esperado. Lo primero es preguntar si la iniciativa tiene un objetivo medible y una teoría del cambio clara que conecte el dinero con la transformación que promete”, explica Fabián A. Gamba-Sánchez, director de la Especialización en Formulación, Evaluación Social y Económica de Proyectos de la Universidad Católica de Colombia.
Recaudar recursos no es lo mismo que generar impacto
En proyectos sociales es común que la atención pública se centre en las cifras: cuántos recursos se consiguieron, cuántas personas participaron o cuántos beneficiarios fueron atendidos.
Sin embargo, desde la evaluación de proyectos sociales, estos datos representan apenas una parte de la historia.
“Recaudar es un punto de partida; demostrar la mejora es el verdadero resultado. El dinero es condición necesaria, no prueba de éxito. Lo segundo exige medir, comparar y aportar evidencia de que las oportunidades de aprendizaje efectivamente cambiaron en la población beneficiaria”, señala Gamba-Sánchez.
Por ejemplo, recaudar 100 millones de dólares es un logro importante, pero la verdadera pregunta es si esos recursos contribuyeron a que más niños ingresaran al sistema educativo, permanecieran en él o mejoraran sus oportunidades de aprendizaje.
Producto, resultado e impacto: tres conceptos que no son lo mismo
Uno de los errores más frecuentes en la evaluación de proyectos consiste en confundir actividades con transformaciones reales.
En términos técnicos, los especialistas distinguen tres niveles:
- Producto: lo que entrega el proyecto, como becas, materiales educativos, infraestructura o programas de formación.
- Resultado: cambios observables en el corto y mediano plazo, por ejemplo, aumento de la matrícula, mayor asistencia escolar o reducción de la deserción.
- Impacto: transformaciones sostenidas que modifican las trayectorias de vida de la población beneficiaria.
“Confundir estos elementos lleva a celebrar productos como si ya fueran impacto”, advierte el experto.
Por esta razón, los procesos de evaluación deben ir más allá de contabilizar recursos o beneficiarios y concentrarse en identificar cambios verificables.
La pregunta más importante: ¿cómo sabemos que el cambio fue causado por el proyecto?
Uno de los mayores desafíos de la evaluación social es determinar si los resultados observados fueron consecuencia directa de la intervención o si ocurrieron por otros factores externos.
Esta pregunta se conoce como problema de atribución.
“Mediante grupos de comparación o métodos cuasiexperimentales se busca responder qué habría ocurrido si el proyecto no existiera. Esto permite aislar el efecto de la intervención y evitar atribuirle cambios que habrían ocurrido de todos modos”, explica Fabián A. Gamba-Sánchez.
En otras palabras, la evaluación de impacto busca construir evidencia que permita demostrar que una iniciativa realmente contribuyó al cambio que prometía generar.
La importancia de una teoría del cambio
Toda iniciativa social necesita una ruta lógica que explique cómo sus actividades producirán los resultados esperados.
A esta ruta se le conoce como teoría del cambio.
Para construirla es necesario responder preguntas como:
- ¿Cuál es el problema específico que se quiere resolver?
- ¿Quiénes son los beneficiarios?
- ¿Qué actividades se implementarán?
- ¿Qué resultados intermedios deben ocurrir primero?
- ¿Qué factores podrían impedir el éxito del proyecto?
- ¿Qué evidencia respalda que la estrategia funcionará?
Estas preguntas permiten diseñar intervenciones más efectivas y facilitan la medición de resultados a lo largo del tiempo.
Del anuncio a la evidencia: una competencia cada vez más necesaria
Las organizaciones públicas, privadas y del tercer sector enfrentan una creciente exigencia de demostrar que los recursos invertidos generan transformaciones reales y medibles.
Por eso, la evaluación de impacto se ha convertido en una herramienta indispensable para la toma de decisiones, la rendición de cuentas y la sostenibilidad de los proyectos.
La Especialización en Formulación, Evaluación Social y Económica de Proyectos de la Universidad Católica de Colombia prepara profesionales capaces de diseñar teorías del cambio, construir indicadores, focalizar poblaciones objetivo y aplicar metodologías rigurosas para medir resultados e impacto.
“Formamos profesionales capaces de pasar del anuncio a la evidencia, demostrando con rigor metodológico las transformaciones que realmente ocurren y pueden medirse“, concluye Gamba-Sánchez.
Porque en proyectos sociales, tan importante como la intención de ayudar es la capacidad de demostrar que esa ayuda produjo el cambio esperado.